Alfredo Gil – «El fracasonario»: mini tablero para escribir con agua

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Alfredo Gil
(1974. Actualmente vive en Bogotá)

Es Artista plástico con formación en el campo de la microbiología industrial. Su interés gira en torno a los procesos biológicos, en especial los relacionados con la acción de los microorganismos en el ambiente trabajando conceptos de degradación y transformación. Ha participado en congresos nacionales y latinoamericanos de fitopatología y de compostajes. Desde 2011 forma parte del equipo de veedores ambientales de la personería de Bogotá. Su trabajo ha sido expuesto en diferentes espacios en Colombia y en Nueva Zelanda, así mismo, en las salas como ARTBO de la Cámara de Comercio de Bogotá, y otros. Actualmente es parte del colectivo Blancoconejo. Ha tenido varios reconocimientos nacionales por su trabajo artístico, específicamente en el área de arte y ciencia.

 

«El fracasonario»: mini tablero para escribir con agua

¿Qué saben los artistas de…? Esta pregunta me llevó en primer momento a referirme a mis conocimientos sobre microbiología. Poco después ocurrió una cascada de dificultades personales que trastocaron mi vida. Como si se fuera poco, llegó a mis manos un texto anónimo que decía: “El mundo se mueve gracias a los grandes logros de unos pocos”. Esta controvertida afirmación sumada al momento vivido hicieron que replanteara el sentido inicial de mi propuesta y considerara el fracaso, un tema en el que me he vuelto experto con el paso de los años. Hablar del fracaso no resulta fácil y menos en este mundo tan competitivo en donde incluso no alcanzar un logro cotidiano puede transformarse en un lastre, más aún, cuando se vive en un país señalado, golpeado y lleno de olvido como el nuestro. Esta propuesta no busca desentrañar grandes secretos ni enseñar lecciones de vida para alcanzar el éxito, solo pretende hacer más llevadero el fracaso invitando a personas de diferentes edades a dibujar o a escribir frases relacionadas con este aprovechando el alivio que, según estudios de diversas fuentes, produce el acto de escribir sobre nuestros desaciertos. Para ello, quien se anime a hacerlo, empleará agua como pigmento y un pincel para escribir sobre un pequeño tablero plegable que funciona a manera de diario de bolsillo. Una vez realizado el escrito, el agua se evapora borrando todo y dejando el tablero nuevamente limpio para un nuevo uso.