Daniela Acosta Parsons – «Pasatiempo»

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Daniela Acosta Parsons
(1993. Actualmente vive en Bogotá)

Es historiadora y Maestra en Artes Plásticas de la Universidad de los Andes. Actualmente cursa la Maestría en Artes Plásticas, Electrónicas y del Tiempo y es asistente de docencia en el Centro de Español en la Universidad de los Andes. Ha participado en exposiciones colectivas. Sus intereses de reflexión teórica y plástica giran en torno a la creación de un lenguaje del dolor como vehículo para entender y reconocer el sufrimiento. Para Daniela, la pena es un ejercicio no solo intelectual, sino moral y político. Con él apunta a facilitar la comprensión entre testigos y los portadores del dolor. Por medio del reconocimiento y comprensión del sufrimiento ajeno, tal vez nos acerquemos a la acción de aliviarlo y proponer mecanismos para evitar su repetición.

 

«Pasatiempo»

A lo largo de mi vida la violencia ha sido un elemento permanente en mi entorno. Aunque tomaba formas distintas, se me aparecía como una atmósfera en la que no había un “afuera”. Como respuesta a esta percepción he tenido un profundo interés por entender y comunicar el mundo interno propio y de otros. En la reflexión sobre lo íntimo, encontré que, en muchas ocasiones, el dolor aparenta ser intransmisible e inconmensurable para personas que no vivieron la experiencia traumática. Es por esto que el sufriente parece aislado del mundo. Incluso se tiende a pensar que la verbalización es una suerte de catarsis que libera a la persona antes presa de la pena. Se piensa el dolor como enfermedad, como algo malsano que ha de ser eliminado. Tal vez es por eso que no se desea hablar del sufrimiento, de la muerte, del pasmo, de la incapacidad, del cese de la vida. A falta de la comunicación efectiva del dolor, quise que mi objeto mostrará que el sufrimiento se manifiesta en el cuerpo en forma de una acción repetida. No es, sin embargo, un acto de automutilación. Por el contrario, el pasatiempo de las manos que se arrancan la piel es una forma de liberar la ansiedad. Si se libera, el sufriente podrá continuar su vida cotidiana de manera funcional. Si ya no tiene nada más que arrancar, será presa de la desesperación.

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